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No se respeta la Vida.

Transitamos por la vida, dejándonos casi arrastrar y asfixiar por la cotidianeidad y la rutina, a tal punto, que casi no nos damos un espacio para detenernos a pensar, acerca del valor y recto sentido que le estamos dando a nuestra vida.

Y es así, que esta nuestra vida, que por cierto no es nuestra, sino que nos ha sido dada como regalo, para ser cuidada y valorada, termina siendo maltratada y hasta aniquilada por quien o quienes no alcanzan a comprender el valor trascendente de la misma.

Que esto está aconteciendo, no requiere de mayor investigación, basta con encender el televisor, la radio o simplemente leer un diario y lo primero que encontraremos será, toda una larga crónica de suicidios, asesinatos, violaciones de todo tipo, pornografía, secuestros, robos, lo triste es que este tipo de noticias no se reciben una vez al mes o una vez al año, las encuentras todos los días del año.

Resulta preocupante, en la medida que nos está haciendo recordar el poco aprecio y escasa atención que le estamos dando a nuestra existencia.

De quien o de quienes depende, el que hoy por hoy, se desvalorice la vida. ¿ No será tal vez que, de un tiempo a esta parte el hombre, le está poniendo demasiada atención a todo aquello que finalmente tiene que ver con lo material y mundano?, ¿no será tal vez que nos estamos olvidando de darle al hombre mismo su real espacio de atención?, ¿no será tal vez que nos estamos olvidando de tratarnos como lo que realmente somos?, seres humanos, en fin, todo parece indicar que el hombre en su afán de asegurarse un mundo lleno de comodidad y disfrute, se va olvidando que es persona, y como tal debe respetarse y respetar a sus semejantes.

Aquella “cultura de la muerte” de la que nos hablaba Juan Pablo II, se va extendiendo, ese apostar por una vida cada vez más hedonista, que sólo busca el placer y el disfrute pasajero, aquella visión de la vida en la cual sólo sirve y merece ser atendido, tan sólo aquello que me resulta útil y placentero a tal punto que de no conseguirlo es mejor renunciar a la vida parece que se va acentuando a tal punto que considero oportuno recordar en palabras del propio Juan Pablo II que la vida merece ser respetada, y es que La decisión deliberada de privar a un ser humano inocente de su vida es siempre mala desde el punto de vista moral y nunca puede ser lícita ni como fin, ni como medio para un fin bueno. En efecto, es una desobediencia grave a la ley moral, más aún, a Dios mismo, su autor y garante, y contradice las virtudes fundamentales de la justicia y de la caridad. Nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano, enfermo incurable o agonizante. Nadie además puede pedir este gesto homicida para sí mismo o para otros confiados a su responsabilidad ni puede consentirlo explícita o implícitamente. Ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitirlo. Cada ser humano inocente es absolutamente igual a todos los demás en el derecho a la vida. Esta igualdad es la base de toda auténtica relación social que, para ser verdadera, debe fundamentarse sobre la verdad y la justicia, reconociendo y tutelando a cada hombre y a cada mujer como persona y no como una cosa de la que se puede disponer. Ante la norma moral que prohíbe la eliminación directa de un ser humano inocente no hay privilegios ni excepciones para nadie. No hay ninguna diferencia entre ser el dueño del mundo o el último de los miserables de la tierra: ante las exigencias morales somos todos absolutamente iguales". (Evangelium Vitae, nº57).

Posteado por Marco Alberca 5:55 a. m.  

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