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A propósito del Adviento…

En algún momento de mi vida, alguien me recordó que ser cristiano era ser “uno en Cristo”, San Pablo me hizo comprender aquellas palabras, con las suyas: “Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mi”. Hoy después de muchos años, voy comprendiendo el profundo sentido de lo dicho.

No basta con llamarnos cristianos, debemos aprender a serlo a partir del día a día, lo veo en Pablo de Tarso, en su proceso de conversión, en su entrega sincera, en su testimonio de vida y aún en su muerte.

El que descubre a Dios, o mejor dicho, aquel que llega a tener un encuentro verdadero con Jesús, no vuelve a ser el mismo, algo sucede, la vida cambia, pues todo se empieza a ver desde otra perspectiva, casos hay muchos , a Mateo le bastó una mirada, a Zaqueo un compartir, a la Samaritana un dialogo, a San Ignacio una enfermedad, lo cierto es que todos ellos no fueron los mismos a partir de ese encuentro personal con Jesús.

Y es que sólo así se aprende a vivir en cristiano, dejando atrás, todo aquello que me impide ser de Dios, dejando que mi vida sea empapada por el amor de Dios, pero para ello al igual que muchos, muchos cristianos, debo empezar por dejarme conducir.

Estamos iniciando este hermoso tiempo de Adviento, digo esto, porque en verdad es hermoso, son cuatro semanas en las que se nos da la posibilidad de propiciar un encuentro con el Señor, todo depende de que nos dejemos conducir y al igual que tantos y tantos santos cristianos permitamos que Jesús se adueñe de nuestros corazones y nos haga distintos.

El problema está en el hecho de que parece ser que nos hemos acostumbrado a vivir como vivimos, sabemos que andamos mal, nos damos cuenta que no somos felices haciendo lo que hacemos, y sin embargo no somos capaces de de hacer un alto y ver que no podemos seguir así.

Aprovechemos este tiempo para intentar ir retirando de nuestra vida todo aquello que nos aleja del amor verdadero, quitemos los obstáculos que no nos dejan alcanzar la verdad, esforcémonos por ser verdaderamente felices, tan sólo se requiere buena intención en el actuar, una profunda fe, fruto del conocimiento diario de quien sabemos nos ama y por supuesto mucha oración, con aquel que sabemos nunca falla. El resto se nos dará por añadidura.

Posteado por Marco Alberca 7:47 a. m.  

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