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Vivir la Cuaresma, es aspirar a ser mejores ...


Nuestra vida, que por cierto vivimos con ilusión o con desgano, siempre se ve marcada por una serie de acontecimientos, los cuales le van imprimiendo, un cariz especial a nuestra existencia, al punto de ir forjando en nosotros actitudes, hábitos y por que no decir costumbres que se van enraizando con el paso del tiempo.

Si esta experiencia tan humana, la llevamos al plano de la fe, veremos que nuestra vida de trato con Dios, también se ve impregnada por una serie de acontecimientos que nos marcan y le van dando una verdadera direccionalidad a nuestra existencia. Y es que Dios, Padre bueno y providente, siempre está atento a cada momento de nuestra vida, siempre está pendiente de lo que pueda ocurrir con nosotros, pues somos sus hijos.

Es así que a lo largo del año, nuestro vivir cristiano, se ve fortalecido por la gracia y el amor de Dios, y a partir de cada uno de los momentos que él como Padre amoroso que es, nos va presentando a través de nuestra vida en la Iglesia.

Por medio del calendario Litúrgico, el Señor nos sale al encuentro y nos revela con profundidad, pero con sencillez también, todo lo que quiere de cada uno de nosotros.

Hace algunas
semanas, vivamos con alegría la Navidad el nacimiento de Jesús , ahora, la liturgia, da un giro completo y nos invita a vivir el tiempo de Cuaresma, un tiempo fuerte, que busca por sobre todo, brindarnos la oportunidad de hacer un alto en nuestro caminar diario, para reflexionar de cara a Dios, sobre como estamos llevando nuestra amistad con El.

Y es que, parece mentira, pero tendemos a olvidar fácilmente, que tenemos un Dios, que es Padre, que ama, o mejor dicho nos ama, con amor infinito, pero que lamentablemente la vida, el trabajo, la rutina, no nos dejan un espacio para acercarnos a nuestro Dios, al Dios de la vida, al Dios de la verdad, al Dios del amor.

Por ello es que Dios mismo, una vez más nos sale al encuentro, para invitarnos a volver los ojos a El, y darnos la posibilidad de cambiar, de convertirnos , dejando a un lado todo aquello que no nos deja ser mejores.

La Cuaresma es un tiempo de penitencia, y penitencia es quitar los obstáculos que se oponen a lo que Dios quiere hacer en nuestra vida. Penitencia es quitar lo que impide nuestro camino y nuestro encuentro con Dios. Y vaya que hay muchísimas cosa
s que impiden nuestro encuentro con el Padre.

No dejemos que el camino se nos haga estrecho y espinoso, quitemos esos obstáculos y dejemos que Dios haga su morada en nuestro corazón.

Démonos la oportunidad de encontrar aquello que andamos buscando, abramos nuestro corazón a Dios que el vea que es lo mejor para cada uno, que estos cuarenta días de preparación nos ayuden a salir de ese desierto espiritual en el que vivimos. Jesús nos ha mostrado que es posible vencer al tentador, es cuestión de querer hacer bien las cosas, lo único que hay que hacer es confiar, tan solo confiar en Dios, en su misericordia y en su profundo amor.

Posteado por Marco Alberca 9:01 p. m.  

1 Comment:

  1. Azoreano_Naufrago said...
    ola dos Azores

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